Diálogo interior

—Debería escribir más, no hay otra forma de conseguir lo que busco si no es escribiendo.

—Aunque claro, eso me digo cada año y mira, nada de nada.

—Para eso dijimos que “disciplina” es la palabra del año ¿qué no?

—Bueno, sí, sí, pero es algo de lo que carezco tanto. Y así quiero enseñarle a mi chamaco que sea disciplinado, qué horror. Si tan sólo los adultos no me hubieran mentido. Todo parecía tan sencillo, y yo pensando “cuando sea grande, tendré todo resuelto” ¡ja! ¡Valiente cosa! Haber sabido que andaban tan perdidos como yo… pero ni modo que le admita eso al chamaco ¿verdad?

—¡O en el trabajo! ¿Te imaginas? Tanto que me dicen que soy organizada y control freak y la manga del muerto. La mitad del tiempo no sé qué demonios estoy haciendo.

—Seguro ellos tampoco.

—¿Será que ser adulto se trata de disimular que no te estás muriendo del miedo todo el fregado tiempo?

—No, seguro hay quienes tienen un poco más de idea. Lo que pasa es que eres un fraude.

—¡Epa! Que no íbamos a empezar de nuevo con eso del síndrome del fraude. No somos un fraude.

—Bueno, si tú lo dices…

—Que no, carajo, no lo somos. Vamos, anda, estábamos en lo de escribir.

—¿Te das cuenta de que suena medio loco esto? Era más fácil pensar en un diálogo con alguien más, no contigo misma. Así parece que estás loca de atar.

—Bueno, ya, el otro día puse lo de mi voz narrativa en off. Como ese tuit de “Cámara, no me agüito” y el narrador contestando…

 

Captura de pantalla 2018-01-08 a las 12.13.22 PM

—Sí, sí, pero una cosa es decirlo de broma en un tuit y otra muy diferente plasmarlo en letras.

—¿Pero no cada personaje es una voz distinta dentro de mi cabeza?

—¿Insinúas que para ser escritor hay que estar un poco loco?

—Pues… no lo insinúo. Aunque tampoco lo puedo andar diciendo tan a la ligera, que luego se me ofende la gente.

—Ajá, o te hacen artículos de burla como a Stephanie Meyer cuando dijo que Edward Cullen no sale en el segundo libro porque se negó a salir y se fue…

—Ok, ok… no ese grado de locura, tampoco exageremos.

—Lo dices como si nunca lo hubieras hecho ¿no te acuerdas? Cada parte de ti tenía un nombre: Kira, Kasináe, Nerea…

—Ay, no, no salgas con eso…

—Cuando discutías sobre lo que sentías por el baboso de tu ex.

—Discutíamos, querrás decir…

—Bueno, sabes a lo que me refiero.

—Sí, pero preferiría olvidarlo.

—Como si te fuera a dejar olvidarlo…

—Como si no supieras que cada personaje tiene un trazo mío y por eso convergen en cierto punto.

—Bueno, y si los conoces también ¿por qué no sigues desarrollando a tus personajes?

—Era la idea, pero me distraje con lo de la disciplina.

—De disciplinadas tenemos lo mismo que de gaviotas…

—¡Caramba! Que íbamos a escribir, ¿me dejas empezar?

—Vale… ¿con tus voces internas, entonces?

—Contigo, de plano, no se puede dialogar, me cae.

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