Apología de la vida Godínez

Llevo una vida entera de pregonar que no soy material Godínez. Aparte de que enfurecí a algunos de mis amigos (lo sintieron como atentado contra su estilo de vida), esta declaración causaba conflicto en mi existencia. Mi papá, por ejemplo, solía preocuparse. “Has estado en muchos trabajos y nada te ha gustado, ¿no has pensado que el problema está en ti?”. Por supuesto que lo llegué a pensar miles de veces. O de plano yo tenía muuuuy mala pata o algo estaba descompuesto en mí.

Lo que quizá las personas no captaban ante mi declaración era que de verdad me preocupaba el hecho: ¿cómo tantas personas viven tan felices siendo Godínez y yo de plano no encajo? Y, vaya, no se trata de ser del montón y hacer lo que hace toda la banda, era una sincera preocupación de qué estaba haciendo mal yo. ¿Qué cosa estaba tan disparatada en mi loco ser que no me dejaba quedarme en un solo sitio por más de un año?

Me pasaban muchas cosas:

  1. Los sueldos eran miserables. ¿Han visto esos chistes de que cuando solicitan un diseñador en realidad piden alguien que sepa de Diseño Gráfico, Diseño Web, Programación, Ventas, tenga 25 años de experiencia pero que cobre como un becario? Bueno, eso aplica casi en cualquier ámbito. Es impactante como muchas empresas piden perfiles súper elevados que de paso sientan un total desapego de lo material: que vivan del aire y no quieran cosas materiales, porque con lo que pagan no alcanza ni para los chicles. Ahora imaginen ese tipo de sueldo para mí, que no me mantengo únicamente a mí, sino que tengo un chamaco al que ya malacostumbré a comer tres veces al día y usar zapatos. Siempre he amado dar clases, pero los sueldos de maestro en general son bajos. Y ser profe “de carrera” (ya saben: corriendo de una escuela a otra) para subsistir en esta adorable ciudad monstruo donde los tiempos de traslado comen el alma de a poquitos es nefasto.

2. Las condiciones de trabajo era infrahumanas. Ya he dicho que el peor sitio de trabajo en que he estado fue la Editorial, donde había una doña de Recursos Humanos cuya única función era hacerle de gendarme y ver en qué estábamos ocupando nuestro tiempo. No podíamos hablar con el de junto y el que se escuchara charla (aunque fueran susurros) era un crimen. Ya no pensemos en risas. Las empresas que basan su forma de trabajo en el terror, en la esclavitud, y en la cantidad de cosas producidas se me hacen terribles. No importa su presentación. Echarle a eso contar los minutos disponibles para ir al baño, por ejemplo, se me hace una mentada. El recurso más importante de una empresa, la que sea, es su gente. Si los vas matando de a poco para generar robots, estás descuidando la vida de la misma empresa. Pero pocos empresarios lo entienden. Calidad sobre cantidad. Calidad por encima del billete. Porque sin calidad NO HAY billete. Punto. ¿Y qué cosa más importante que la calidad humana?

3. Los chismes y las malas vibras abundan. Quizá me paso de idealista. Odio la idea de los cangrejos mexicanos. Ese afán de tirar al prójimo para lucirse uno. No, de verdad no puedo con eso. La idea de radio pasillo, vivir a la defensiva y no poder confiar en los compañeros de trabajo me deja muy malita de mi fe en la humanidad. He pasado por trabajos en los que ni tu material de trabajo puedes dejar en tu lugar porque seguro te lo roban, hasta aquellos en los que no puedes ni estornudar porque los altos mandos se van a enterar. En uno de los restaurantes en que trabajé, mis compañeras me odiaban tanto que corrieron el chisme de que en tres semanas me había acostado ya con todos los hombres y dos mujeres de la plantilla de empleados. Me enteré de ese chisme ¡por la jefa de Recursos Humanos que me llamó a su oficina preocupada por mi presunta promiscuidad! Cuando le planteé que me asombraba que se hubiera creído el chisme (no había suficientes horas del día para que yo hubiera logrado tal cosa, ni aunque mis compañeros se hubieran puesto en fila dentro del horario laboral), la señorita de RH suspiró aliviada. ¿Cómo la gente puede creer cualquier estupidez? Encima de todo ¿por qué la gente ocupa su tiempo en generar esas estupideces? ¿No se supone que estábamos trabajando? Ocupar el tiempo mejor en generar propuestas para mejorar el sitio de trabajo se me hace más productivo que jugar a crear telenovelas, pero quizá ésa era sólo yo.

4. Mandé al diablo el CV hace mucho y mi perfil no está claramente definido. Empecé a trabajar muy chica por necesidad. He pasado por un sinfín de trabajos, desde en el ámbito de restaurantes y servicio al cliente, hasta docencia, talleres, corrección de estilo y generación de contenido. Eso provocaba muchas cosas en los reclutadores: desde el “no eres alguien estable” hasta el “estás sobrecalificada para el puesto”. Mi continuo afán de estudiar y aprender, así como la flexibilidad que he tenido para aventarme a trabajos nuevos acabó construyendo un perfil muy extraño. Mi actual jefe lo definió como que me he “construido holísticamente, creando un perfil único y difícil de definir”.

Cuando fui a la primera entrevista de mi actual trabajo, le comenté a un amigo que esperaba tener un buen equipo laboral. El ambiente, ante todo, me importaba. El sueldo que me ofrecían era alto, pero no estaba dispuesta a perder mi sanidad mental sólo por el dinero.  “El ambiente lo puedes construir tú”, me dijo él. Cierto… aunque no del todo. Me preocupaba mucho qué podría ocurrir en este nuevo trabajo.

Puedo decir hoy que al fin he caído en un trabajo en el que mi perfil extravagante era justo lo que buscaban. Las condiciones de trabajo no son infrahumanas. El sueldo es decente. Y bueno, aunque del radio pasillo nadie se salva, es chido que respetan mis cosas en mi lugar y que la vibra de este sitio no mata el alma a poquitos.

No es el trabajo perfecto, no creo que exista tal cosa. Pero al fin empiezo a entender a mis amigos Godínez. Más allá del encanto de recibir un pago cada quincena (¡adiós incertidumbre de freelance!) estar en un lugar donde mis habilidades sirven para hacernos la vida más fácil a mi equipo y a mí es hasta relajante. Y llevarme bien con mi equipo ha sido maravilloso. Hemos visto que la clave está en, aparte de haber hecho click y tener temas en común, saber darle su lugar al trabajo.

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Ya he puesto en mi Facebook y en Instagram que disfruto mucho la hora de comida acá porque no hablamos de trabajo. Hablamos de la vida, nuestros gustos, patoaventuras, lo que sea que no sea la oficina. Ese desconecte nos permite regresar a la oficina descansados. El viaje de integración al que fuimos el fin de semana pasada también ayudó a que conviviéramos en otro contexto.

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Al fin entiendo la idea de llevarse bien con los compañeros de trabajo, y creo que sí tuve en general muy mala pata en el pasado. Lo bueno es que la vida laboral ya se puso las pilas y se está ganando puntos buenos conmigo. En particular al presentarme a personas bien chidas con las que puedo trabajar bien. ¡Alabado sea!

Amigos Godínez: disculpen las veces que los hice sentir mal. Sigo pensando que el ser godín no es para todos (así como emprender no es para todos). Pero ya voy entendiendo más su estilo de vida. Tengan paciencia conmigo. Yo sólo sé hablar desde mi experiencia. Y al fin me ha tocado una buena experiencia godín.

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2 Comments Add yours

  1. Seguramente es bien chido trabajar contigo.

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    1. Vanessa Puga says:

      Ay *blush* quiero pensar que no soy mala compañera de trabajo, jeje. Abrazo, Cris

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