El frasco feliz

Hace un par de años, justo en la época en la que estaba triste por un rompimiento, surgió el movimiento en redes sociales llamado #100HappyDays. La idea, como se platica acá, era ser feliz por 100 días. Más que “ser feliz”, yo lo tomé como un “darse cuenta de que eres feliz con pequeñas cosas diario”.

Le entré al reto, y lo concluí posteando durante 100 días, a veces a marchas forzadas: diario tomaba una foto que compartía en mi Instagram con el hashtag #100HappyDays. A veces eran cosas muy sosas como el momento feliz de llegar a casa tras dar clases y poder ponerme mis chanclas. A veces eran cosas más trascendentales como una maravillosa cena con mis amigos o un desayuno lleno de risas (soy una gorda en el sentido de que amo comer y muchos de mis mejores momentos han sido acompañados por comida y amigos compartiendo).

#100HappyDays #Day7 la felicidad de ponerse chanclas al llegar a casa 🙂 [plus: purple, purple!!]

Una foto publicada por Vanessa Puga (@nereavpv) el 20 de Feb de 2014 a la(s) 1:59 PST

#100HappyDays #Day8 Delicioso almuerzo en excelente compañía 😀

Una foto publicada por Vanessa Puga (@nereavpv) el 21 de Feb de 2014 a la(s) 1:59 PST

Recordé que la felicidad no es ese objetivo al final de un camino, no es forzosamente una explosión de euforia. En realidad es un sentimiento que va y viene, como todos los sentimientos, y que muchas veces nos cuesta recordar que existe fuera de las explosiones eufóricas. Como dice una canción de Sister Hazel “Count your blessings, count them, 1, 2, 3…”
Unirme al reto me ayudó a poner en perspectiva las cosas y obligar a mi cerebro en détox (está comprobado que el rompimiento amoroso te pone en proceso de síndrome de abstinencia por falta de dopamina) a no cortarse las venas con galletas de animalitos, pues si bien a nivel racional sabía que terminar esa relación fue lo mejor, me dolía. Recordar que tenía (que tengo) a diario pequeñas bendiciones ayudó en mi proceso de duelo.
Este año, entre las cosas que inicié, fue un frasco de la felicidad. Mis momentos felices. En un frasco voy metiendo papelitos en los que escribo algo bueno que me pasó en el día. Esta idea la tomé de mi amiga Georgy Vivanco que comentó en sus redes sociales que aplicó el año pasado. Es simple: todo el año, día con día, uno apunta algo bueno que le pasa, lo dobla y lo mete al frasco. La víspera del Año Nuevo (o el 1° de enero del siguiente año) se abre el frasco y se leen todas esas cosas, pequeñas bendiciones, que se vivieron a lo largo del año. Una forma de poner en perspectiva la vida y ser agradecido.
No siempre es sencillo. Puede ser un pésimo día o un día muy rutinario, con nada sobresaliente. Pero siempre, SIEMPRE hay algo que podamos agradecer. Creo que es un ejercicio que nos hace ser más agradecidos, más conscientes de nuestra realidad. Veremos qué tal me va este 2016.

La imagen destacada de este post es tomada de mi amiga Georgy Vivanco, “365 días de agradecimiento”, compartida en sus redes sociales el 3 de enero de 2016. Se usa a modo de ilustración y no me pertenece.

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