Del otro lado del espejo

del otro lado del espejo

¡Suéltalo ya!

Raquel y Dalia se peleaban por el espejo de mano, jalándolo de un lado a otro. El pobre cristal se mareaba reflejando todo el cuarto y nada concreto a la vez. Se les patinó de las manos. Como si fuera una escena crítica de una película de acción, vieron el espejito volar en cámara lenta: pasó por encima de la cama, sorteó el bote de basura y se estrelló contra la puerta. El sonido del cristal roto cayendo al piso fue estridente. Las dos niñas observaron asombradas cómo todo el cuarto se caía a pedazos, incluyéndolas. Era como verse en una vitrina que se hacía añicos. Ni modo. Estaban del lado equivocado del espejo.

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