Proyecto | Las brujas

Entre las personas talentosas que conozco está mi amiga Fernanda Gracida. Fer, al igual que Jovanna, ilustra. El detalle con Fer es que ella—como yo— tiene su novela de Fantasía donde las personas que conocen son algún personaje fantástico. Hace algunos meses decidimos combinar a nuestros personajes. Le acabo de proponer que hagamos un proyecto con esa historia: que ella la vaya ilustrando. Iremos subiendo en este blog los pedazos de historia que iremos creando.

Para muestra, les dejo un pedacito random, inspirado en la canción Our Solemn Hour de Within Temptation.

–Ahkire, ¡para!
La bruja no parecía prestar atención, rodeada por las llamas, ella misma parecía ser demonio.
–Rhaz, maldita sea, ¡deténla!
–Yo no puedo detenerla.
—Tú fuiste el idiota que provocó esto, frénala antes de que haga algo de lo que se arrepienta–Yvaine estaba desesperada mientras veía que las llamas iban consumiendo todo, la posibilidad de salir por donde habían entrado había quedado atrás hacía treinta segundos, y en breve la estructura empezaría a vencerse. –Por todos los hados, ¿de qué sirve que seas un demonio si no puedes sacarla de ese trance del mal?
–Yvaine, sí es algo demoníaco, pero no es por mi causa.
–¡Tú le rompiste el corazón! ¿Le robaste el ama?
–Por supuesto que no hice semjante cosa.
El demonio y la bruja de Terwyn corrían detrás de la bruja alada, entre llamas y pedazos de la mansión que se caía a poco a poco, consumida por la ira de Ahkire.
–¿Entonces por qué la perdimos?
–Carajo, que no la hemos perdido.
–Yo ya no la reconozco. Y no nos quiere hacer caso.
–Es mejor que no les haga caso, o los achicharrará como hizo con los orcos allá afuera.
–¡Tú!– Rhaz se frenó en seco y volteó a ver hacia la dirección de donde había venido la voz.–¡Te dije que no te metieras con Ahkire!
–Pero si tú nos presentaste, Rhaz. Y yo no me metí con ella, el que se metió con ella fuiste tú ¿no?
–¡Yo no hice nada!
–¿No presumías que era tu bruja?
–Alguien explíqueme en nombre de la cordura qué ocurre–gritó Yvaine.
–Todo menos cordura, bruja, lo que ves es locura. La locura a nuestro alrededor, consumiendo todo.– el extraño contemplaba a la bruja Yvaine con una sonrisa pícara. Rhaz tenía los puños apretados.
Ahkire cada vez iba más lejos e Yvaine se sentía desesperada.
–Si no me dan respuestas, está bien, permiso–y salió corriendo tras la bruja alada.
–¿Robaste su alma, Igur?
–Sabes que no puedo robarla, pero enloquecerla, bueno…
–Si pierdo a la bruja por tu culpa…
–¿Mi culpa? ¿Quién jugó con fuego? ¿Quién fue le idiota que dijo que no pasaba nada si se enredaba con una bruja? Admítelo, desde que ella fue el portal para traer e nuestro Señor…
–¡Ella no es como nosotros! –Pero podría serlo… y eso te atrae…
–Como sea… debo alcanzarla antes de que cometa una tontería
–No te apures, Rhaz, ésa ya la cometió: confió en ti.
Rhaz se alegró de estarle dando la espalda al demonio Igur, porque si no habría notado el destello de dolor en sus ojos. Sería un demonio, pero le quedaba un dejo de humanidad y no quería ver a la bruja alada herida.
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